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miércoles, 1 de agosto de 2018

Desintoxicación emocional. Regular el proceso de tensión y expresión.


Por Jesús García Blanca.

Nuestras emociones, como los demás procesos de nuestros organismos, siguen el ritmo universal de carga y descarga. Si las bloqueamos en nuestro interior sin dejar que se expresen, nuestro grado de tensión aumenta y puede ocasionar desequilibrios psíquicos y físicos. Una buena higiene emocional consiste en reducir la entrada de emociones dañinas y mejorar su salida en forma de gritos, llanto o ataques de risa.

No solo nos nutrimos de alimentos, también de emociones que entran, nos dejan huella y deben ser descargadas.
 
Entre nuestro cuerpo físico y nuestra mente, conectándolos y envolviéndolos, se encuentra en territorio  misterioso de las emociones. Las emociones se expresan a través de nuestro cuerpo, de nuestros gestos, de nuestra mirada, de nuestras lágrimas o palabras; y también están conectadas con la mente, con nuestros pensamientos, nuestra concepción del mundo y de las personas.

Somos burbujas de energía vital en movimiento constante de contracción y expansión, de carga y descarga. La energía penetra nuestro organismo a través del aire, del agua y de los alimentos, y cuando asimilamos los nutrientes y el oxígeno, expulsamos todo aquello que no necesitamos o que nuestro cuerpo no puede asimilar. Esa función de eliminación de sustancias sobrantes o perjudiciales es fundamental para la salud.
Nos alimentamos gracias a los nutrientes que extraemos de los alimentos, del aire y del agua, así como de ideas y pensamientos que entran en nuestro cerebro. Pero también nos alimentamos de sentimientos, de sensaciones, de corazonadas, de inquietudes y estremecimientos… en definitiva, de emociones que entran, dejan huella y deben ser descargadas.

Concebida desde una perspectiva holística, la salud consistiría en armonizar estos tres aspectos: el físico, el mental y el emocional. Y así, de la misma forma que ciertas sustancias contenidas en el aire que respiramos, una vez que cumplen su trabajo oxigenando las células, deben expulsarse, las ideas deben comunicarse. Pero todos estos procesos vitales no se producen por separado.
Cuerpo, mente, corazón y espíritu forman un todo y funcionan entrelazados, de modo que  nuestro estado de ánimo influye sobre nuestra dieta, el ejercicio o el reposo afectan a nuestras ideas, y los sentimientos positivos o negativos influyen y determinan nuestra salud.

El organismo funciona como una unidad compleja, de modo que un golpe o una herida no solo nos produce dolor físico sino también sufrimiento, angustia y temor. Y un proceso traumático agudo, como la muerte de un ser querido puede desatar graves problemas de salud físicos. Sin embargo, estos procesos también funcionan en sentido positivo. El filósofo griego Heráclito calificaba de “acciones sagradas” a la risa, al bostezo y al estornudo, todas ellas descargas vitales. Junto con el llanto, el jadeo, el temblor, los gritos o los estiramientos, son procesos curativos: el bostezo equilibra la relación oxígeno-dióxido de carbono en la sangre y elimina tensiones físicas y psíquicas; el suspiro estimula la respiración e impulsa el flujo sanguíneo hacia el corazón; estornudar o toser limpia las vías respiratorias; la risa es tonificante, relajante y da elasticidad al diafragma si se halla bloqueado por tensiones; llorar, cantar, gritar, soplar, silbar… son formas de entrenamiento respiratorio que relajan y producen elasticidad.

Desgraciadamente, vivimos en una sociedad que favorece la carga y ofrece pocas ocasiones para la descarga. Las sociedades consumistas representan un estímulo psicoemocional y físico constante en el que parece que no hay lugar para el descanso, la descarga, la relajación y la expresión adecuada de emociones. Esta situación hace que la burbuja que somos esté siempre en permanente tensión, lo que favorece la multiplicación de problemas de salud físicos, psíquicos y emocionales. El higienismo nos aporta claves interesantes para comprender los mecanismos de autocuración y limpieza que actúan en el plano físico, mental y emocional: consumir alimentos sanos y naturales, respirar aire puro y combinar adecuadamente el ejercicio y reposo. Es muy importante que busquemos espacios para aplicarlas también en el terreno de las emociones y los pensamientos.

El mecanismo vital de la respiración es un buen punto de partida para iniciar nuestra higiene emocional: observar nuestra forma de respirar y hacernos consientes de los patrones que hemos automatizado y que pueden alterarla o bloquearla. Una forma de entrenar una respiración saludable es dedicar un tiempo a realizar lentamente las cuatro fases del acto respiratorio: inspirar profundamente, retener el aire para que se movilicen los alveolos pulmonares y se estimule la circulación, espiar vaciando los pulmones, y hacer una pausa antes de la inspiración siguiente. Cuanto más ralentizemos estas fases, más profunda y completa será la respiración.
Si queremos estar bien física, anímica y espiritualmente, debemos dar salida a nuestras emociones sin reprimir ni juzgar.

Potenciar la carga positiva es el primer paso para reducir la entrada de tóxicos. Podemos conseguirlo con actividades sencillas: contemplar paisajes que nos transmitan paz, calma o relajación, o que nos estimulen y nos ayuden a explorar una gama más extensa sutil de emociones; leer escritos positivos, escuchar piezas musicales armoniosas y bellas, contemplar imágenes artísticas que transmitan armonía y serenidad; visionar documentales o películas optimistas… Aprendiendo nuestras reacciones y explorando territorios desconocidos contrarrestaremos la carga negativa que nos invade a diario.

Permitir y facilitar la descarga es la actitud correcta ante la necesidad que el organismo tiene de exteriorizar, expulsar, expresar. Si bloqueamos o entorpecemos estos desahogos, solo conseguimos acumular los tóxicos con las inevitables consecuencias perjudiciales para la salud. Lo mismo sucede cuando callamos algo que sentimos que deberíamos decir, cuando nos obligamos a tranquilizarnos o nos piden que no gritemos, incluso si lo hacen con amabilidad. Los tóxicos acumulados terminarán desencadenando una crisis de limpieza cuando el organismo no puede contenerlos por más tiempo. En el plano físico, esa crisis puede consistir en vómitos, diarreas y gripe, o cualquiera de las llamadas “enfermedades agudas” desde la óptica médica. En el plano emocional serán berrinches, gritos, llanto, ataques de risa. Si reprimimos estas crisis, transformaremos problemas agudos o puntuales en problemas crónicos, forzaremos al organismo a aceptar un estado permanente de desequilibrio, contención, descontento o angustia.

Escuchar puede ayudar a otros a descargar emociones. Desde que nacemos, nuestro entorno parece pensado para bloquear nuestras emociones espontáneas y, posteriormente, reproducimos ese comportamiento con nuestros hijos. Si en lugar de relacionarnos con los niños con frases hechas que buscan nuestra comodidad –“no llores, no grites, no te muevas…”-, hacemos un esfuerzo sincero y positivo por escuchar tanto sus inquietudes, dudas, proyectos y necesidades, como sus enfados, críticas, berrinches y pataletas…, contribuiremos al desarrollo de su salud psíquica y emocional, y les ayudaremos a ser personas más equilibradas y libres, capaces de expresarse, más maduras y, en definitiva, más sanas.

El arte de escuchar supone aprender a estar junto a otra persona –niño o adulto- y hacer que se sienta apoyada sin juicios, escuchada sin análisis ni interpretaciones. También es recibir los gritos, el enfado, la frustración, sin acallarla, atendiendo con respeto, ofreciendo confianza sin tratar de calmar, sin dar consejos, sin empeñarnos en resolver el problema; abrazándola o tomándola de la mano, si eso la ayuda a confiar en nosotros y a expresarse libremente.

Escribir es una forma muy especial de expresar emociones. De hecho, esa ha sido siempre la función de los diarios íntimos: allí podemos expresar espontáneamente nuestras inquietudes y experiencias, nuestros sueños y proyectos. También existen formas dirigidas o regladas para escribir con el propósito expreso de hacer limpieza emocional, por ejemplo “Diario intensivo” de Ira Progoff, que propone una serie de ejercicios sistematizados para conectar con el yo profundo: escribir sobre acontecimientos claves, sobre el pasado, el presente, las encrucijadas, las personas, el trabajo, la sociedad, la filosofía e la vida, valores y sueños. Y todo esto siguiendo unas reglas mínimas: reservar un momento de tranquilidad y silencio para escribir, comprometerse a ser sinceros y espontáneos en lo que se escribe, centrarse en acontecimientos internos y tener prohibido juzgar, analizar, censurar o interpretar.


Existe también un ritual simple y radical que consiste en escribir y, a continuación, quemar lo escrito para, así desterrar pensamientos o emociones perniciosas. Asimismo, innumerables actividades artísticas o artesanales pueden complementarse con la práctica del yoga o la meditación: cantar, bailar, hacer teatro, pasear por la playa o por el campo, bordar, hacer un pastel… cada cual puede buscar la forma que mejor se adapte a sus necesidades o costumbres. En cualquier caso, lo que importa es que esos pensamientos y emociones salgan, combinando la exploración interior, incluidos nuestros resquicios más oscuros, el desahogo emocional y la comunicación con el mundo exterior.
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Es importante recalcar que las técnicas y sugerencias no son infalibles, sobre todo cuando los problemas han escalado y son graves y/o crónicos. Es ahí donde entra la terapia. Aprender a conocer el momento y forma de expresar las emociones requiere de tiempo y de enfoque. No solo es reír por reír, o llorar por llorar, o gritar sin considerar las emociones de los demás; de ahí la importancia de la inteligencia emocional e inteligencia social. 

Por: Lic. Psic. Felipe de Jesús Loranca Aguilar. Cel. 427-130-8201

miércoles, 11 de julio de 2018

Salud Mental

Excelente video sobre la importancia de la atención a nuestra salud metal.

#CHUMELxHBO | Salud Mental

  https://youtu.be/OTkfx4Y_F3Y

Por: Lic. Psic. Felipe de Jesús Loranca Aguilar.
Cel. 427-130-8201

martes, 5 de mayo de 2015

¿Qué aporta el deporte a la educación?

Valores del deporte en la educación
Por Raquel Graña y Aquiles García.

Hacer deporte es una actividad que va más allá de sudar, mejorar tu figura, perder peso o divertirte un par de horas. Cuando practicamos alguna disciplina deportiva solemos experimentar emociones muy diferentes. ¿Sabes que podemos compararlas con lo sucedido en el aula? Te ponemos un ejemplo. Cuando perdemos un partido podemos sentirnos tristes o, al contrario, podemos sentirnos alegres cuando lo ganamos. De la misma forma sucede en el aula, podemos sentirnos tristes por obtener una mala calificación o sentirnos felices por lograr la nota más alta de la clase. Por lo tanto, sabemos que si adoptamos la filosofía y el código del deporte a nuestras vidas, seremos personas felices y exitosas durante mucho tiempo.

Algunos valores que podemos adoptar del deporte:

Respeto: El respeto es esencial para la convivencia entre los seres humanos. Si no hay respeto, no hay relaciones personales de ningún tipo, a ningún nivel. En la cancha de baloncesto la clase social, la raza, la creencia del rival o de tus compañeros no tiene influencia sobre el resultado. Compartir equipo con personas diferentes a ti te enseñará a convivir con las diferencias que le dan brillo a nuestro mundo. Las reglas del juego deben ser respetadas por todos, sin excepción. Respetar al rival también significa honrar el juego.

Liderazgo: Muchas personas se proclaman líderes sin serlo de verdad. También sucede lo contrario, muchas personas se convierten en líderes sin darse cuenta, sorprendiéndose de lo que son capaces. En el deporte siempre te enfrentarás con situaciones complicadas que harán difícil alcanzar la victoria de tu equipo. Para sobreponerse ante esto, es necesario sacar a tus compañeros adelante inspirándolos a través de tu propio esfuerzo o de tus palabras. Contagiarlos de ese espíritu positivo que cree que no hay cosas imposibles.

Carácter: Ante las circunstancias adversas muchas personas se dejan llevar por sus emociones y pierden el control. En alguna ocasión también puedes sentirte ofendido por acciones de un rival o de algún árbitro. No hay que sentir temor por hacer valer tus derechos de una manera firme y educada. Debes saber que el deporte no construye el carácter, lo revela.

Esfuerzo y disciplina: Tu condición física va ligada a tu desempeño sobre la cancha de fútbol. Si no estás en buen estado físico, no podrás dar lo mejor de ti para ayudar a tu equipo. Esforzarte para alcanzar un mejor estado físico y desarrollar al máximo tus habilidades deportivas requiere de preparación y dedicación. Ambas cosas van acompañadas de esfuerzo y disciplina, nadie nace superdotado, ¿por qué crees que Messi y Cristiano Ronaldo son tan buenos futbolistas? Porque practican todos los días. Una vez que conozcas el esfuerzo que se necesita para hacer las cosas, aprenderás a valorar más lo que hacen tus familiares y amigos por ti. Además, también te enseñará una de las lecciones más importantes de la vida: valorarte a ti mismo. El éxito no llega por casualidad ni suerte, llega porque lo buscas.

Comunicación: En los deportes debes saber comunicarte adecuadamente con tus compañeros para poder jugar mejor. Cuanto más os entendáis, mejores resultados obtendréis. Además, esto puede ayudar a crear lazos con tus compañeros, aprendiendo a confiar en ellos. Esto mismo sucede en la vida. La comunicación es esencial para hacer buenos trabajos en grupo y aprender a confiar los unos en los otros.

Resolución de problemas: Estás perdiendo un juego. ¿Qué vas a hacer? ¿Cambiarás la estrategia? ¿Seguirás con ella? ¿Te rendirás? Tienes multitud de caminos, alguno, puede conducirte al éxito, pero, ¿cuál lo hará? Debes analizar bien la situación en la que te encuentras y evaluar rápidamente cuál te conviene más. ¿Quién dice que el deporte es para personas brutas? Solo un bruto es capaz de pensar algo así.

Saber perder y saber ganar: A nadie le gusta perder un juego, pero siempre hay posibilidades cuando practicamos deportes. Cuando se pierde, cada uno debe buscar las causas de la derrota en sí mismo y no en los demás. De este modo nos responsabilizamos de nuestras acciones. Por otra parte, también hay que saber ganar, no hay que sentirse invencibles por obtener una victoria cuando aún quedan muchos desafíos por delante. Por último, hay que saber reconocerle al rival su esfuerzo, estrecharle la mano y no burlarse de su práctica.

Actitud ganadora: No hay nada imposible. Si estás dispuesto a jugar, seguro que vas a querer ganar. Claro está que no debes hacer trampas o poner en peligro la integridad física de los rivales o compañeros. Todo juego debe desempeñarse dentro de las reglas que todos conocen. Ponte a prueba para ver de lo que eres capaz, ve más lejos de lo que has llegado, más allá de tus límites. El deseo de ganar te hará superarte a ti mismo cada día más.
Algunos de los más grandes deportistas de la historia tenían todas estas cualidades. Derek Jeter, Lebron James, Michael Schumacher, Michael Phelps, Usain Bolt, Rafael Nadal y el legendario Michael Jordan.

“Fallé más de 9000 tiros libres en toda mi carrera. He perdido más de 300 juegos. En 26 ocasiones, me han confiado el lanzamiento que podría ganar el juego y no pude anotar. He fallado mil y una veces. A través de mis fracasos aprendí a tener éxito” – Michael Jordan

Por: Lic. Psic. Felipe de Jesús Loranca Aguilar.